
Querétaro es una entidad que cada año recibe cientos de estudiantes universitarios.
Se afirma que 4 de cada 10 estudiantes que ingresan a la educación superior son originarios de otras entidades del país, de acuerdo con la información de la Comisión Estatal para la Planeación de la Educación Superior (COEPES).De hecho, yo soy parte de estas estadísticas.
En 2013, mientras cursaba el último semestre de la preparatoria, me ofrecieron una beca en la Universidad Anáhuac Querétaro, la cual acepté. Ese era el ideal que compartíamos mi generación de compañeros duranguenses: migrar a ciudades con mejores oportunidades académicas y laborales, tales como Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara. En ese entonces, Querétaro apenas se empezaba a apuntalar como un destino universitario para las ciudades del norte del país.
De una generación de 15 estudiantes de preparatoria, 3 decidimos migrar al “sueño queretano”. En lo personal, jamás había visitado este estado, así que las primeras impresiones fueron suficientes para darme cuenta que era una entidad ordenada, limpia, segura y en desarrollo.
Lo primero que hicimos fue buscar una vivienda. La oferta habitacional para los alumnos foráneos que estudiábamos en la Anáhuac era principalmente Zibatá, El Refugio y La Pradera, zonas aledañas en desarrollo en las que contratar servicios como agua, luz, teléfono e internet eran una auténtica hazaña.
En cuestión de movilidad y transporte también era una misión complicada, ya que no había rutas de transporte público y el servicio por aplicación resultaba sumamente costoso. Por lo regular, para los alumnos que no contábamos con auto particular, se apelaba a la solidaridad de compañeros universitarios que dieran ride.
En mi carrera, la mayoría éramos foráneos. Algunos habían decidido venirse a estudiar por cuestiones de seguridad, otros por la calidad de vida, alguno más —como yo—por la oferta académica y las oportunidades laborales. En lo particular, yo no sabía si me quedaría a vivir en Querétaro. Lo único que estaba seguro era que regresar a mi ciudad natalno era una opción.
Hoy en día, esta historia se ha vuelto parte de la narrativa cotidiana de Querétaro.El Marqués, municipio que alberga la Universidad Anáhuac, creció un 99% de 2010 a 2020, no solo por la atracción de la casa de estudios, sino también por su vocación de polo industrial e inmobiliario. En 2021, los campos de formación más demandados fueron negocios y comercio, electrónica, automatización y aplicaciones de la mecánica-eléctrica, y por último, administración de empresas.
Toda esta información debe ser considerada por las administraciones públicas que buscan promover el crecimiento ordenado de las ciudades. De ahí que la planeación estratégica, entendida como el proceso de prever el futuro y desarrollar los procedimientos y operaciones para alcanzarlo, sea de mucha utilidad.
Allegarse de información en temas fundamentales como transporte, vivienda, empleo, medio ambiente, etc. Facilita la comprensión del presente, y permite avanzar hacia un futuro deseado y sostenible.
Porque está claro que todos queremos vivir bien hoy, pero también mañana.